Paisanos y seguidores

20 de septiembre de 2008

los demonios robacarbones



Los carboneros de Lapeza eran tan buenos que hasta los diablos subian a Lapeza a comprar el carbon para los infiernos.

A los pezeños no les gustaban mucho aquellos extranjeros con cuernos y pieles rojas, pero pagaban bien y como se dice ahora, los negocios son negocios. Asi que los peceños siguieron vendiendo carbon a los demonios a cambio de oro y con la condicion de que ningun pezeño ardiera en aquellos infiernos calentados con carbon de Lapeza.

Pero todo los pactos se rompieron cuando en un lamentable accidente, el niño Papa murio en Lapeza, golpeado con una hogaza de pan por su padre.

Entonces los carboneros peceños dejaron de vender carbon a los demonios. Los infiernos dejaron de asustar tanto y la gente empezo a ser menos incredula y mas solidaria.

Ningun carbonero de Lapeza volvio a vender directamente carbon a los angeles caidos que les visitaban.

La aguela contaba que fue entonces cuando Montezuma, que era el sirviente de una serpiente voladora, por encargo de ellos, compro Lapeza con sus montes, sus encinas y olivos milenarios.
Pero ni aun asi, los demonios consiguieron que los carboneros de Lapeza volvieran a venderles carbon para los infiernos, asi que siglos mas tarde los demonios enviaron a los franceses malos a doblegar a los pezeños, porque los franceses buenos se quedaron en sus casas.

Y los carboneros de Lapeza apoyados por Lapeza entera expulsaron del pueblo y de España a los franceses y a los demonios .Y no consintieron volver a vender carbon para los infiernos.

Contaba la aguela que por desgracia al final el diablo, que sabe mas por viejo que por diablo, lo consiguio unos años mas tarde, juntando a buenos con malos, a perros y amos y consiguieron engañarar a todos. Y de esta forma consiguieron robar el carbon magico de Lapeza, para el infierno.
Y durante muchos años los infiernos volvieron a arder de lo lindo y la gente vivio asustada casi una vida entera, con frio, miedo, incultura y hambre. Hasta que por fin las hijas y los nietos de los carboneros de Lapeza volvieron a expulsar del pueblo a todos los demonios robacarbones.

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