Paisanos y seguidores

20 de agosto de 2008

basilisco de Lapeza



Contaba la aguela, que una vez le contaron un secreto de La encanta y del castillo de Lapeza, pero que le dijeron que era un secreto que pocos conocian en el pueblo, que ella lo oyo una vez que fua a rezar a una catedral con su primo cura.

El secreto que me conto mi aguela un dia de lluvia, en medio de la cocina de la casa de la calle del horno, con mis hermanos pequeños en brazos era, que en la guerra en la que cayo Granada o en la de despues, la que llamaban de las Alpujarras, pero que realmente tenia que haberse llamado la guerra de la sierra Nevada, habia un principe moro que vivia en el castillo de Lapeza.
Preocupado por su esposa, hizo construir en los sotanos del castillo una especie de habitacion secreta, para ocultar a su amada y los tesoros del castillo, durante los asaltos que sufria la villa de la Peza.
Un dia que un ejercito de Castilla andaba cerca, encerro a su esposa, con todas las joyas, en la habitacion secreta, que solo el conocia.

La mala suerte quiso que ese dia, entre la noche y el dia, una flecha lo matara sin haber contado a nadie su secreto.

La princesa espero tumbada en el suelo que su esposo regresara para rescatarla. Pasaron los dias, las semanas y los meses y las provisiones se terminaron, la princesa tumbada en el suelo frio consumaba sus ultimos dias, hasta que creyo morir.

Un dia, al querer levantarse para no morir, se dio cuenta de que no podia levantarse porque no tenia piernas. Donde antes tenia las piernas ahora tenia una cola de serpiente. La reina mora del castillo de Lapeza se habia convertido en un basilisco y por los tuneles del castillos salia a devorar bestias y personas que se refrescaban en la fuente, que desde entonces todos llamamos de la encanta.



Cuando echaron en falta media docena de vecinos, interrogaron a todo el pueblo, no se sabe como la inquision averiguo que en el castillo de la Peza habia un tesoro escondido con un guardian temible. El rumor corrio como la polvora, la Inquisicion buscaba un tesoro y una mesa de un tal solomon en La Peza.
Por las noches se veian montones de velas encendidas en los muros de piedra del castillo, mientras cavaban y cavaban buscando. Piedra a piedra, el castillo de la peza fue desmontado, noche tras noche hasta no quedar ninguna pared en pie.


Pero no aparecio ningun tesoro, ni ninguna mesa, porque todos los peceños quemaron sus mesas por si acaso era esa la que buscaban y acababan ellos en la hoguera. Mejor sin mesa que sin cabeza.

Muchos años despues....

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