Paisanos y seguidores

2 de mayo de 2011

En una mano el palo y en la otra el beso




Quiero deciros que esto de estudiar tiene mucho trabajo y a la vez mucho esfuerzo y voluntad. Pues la verdad, que me recuerda a mi niña que tengo. Esta es profesora, pero la verdad que han valido sus esfuerzos, pues yo recuerdo que el primer día que la llevé a la escuela aquí en Grana era muy pequeñilla. Pues fue en un colegio que está junto al Clínico, pero todavía me acuerdo de los llantos de mi niña, no quería entrar. Pues recuerdo que la maestra se llamaba doña Gloria y empezó a acariciarla, pero ella más lloraba tirada en el suelo embarracada, ¡y a mí me daba una pena más grande de verla llorar! No podíamos con ella, parecía una leona pero pequeña. Pues la maestra viendo que no se dejaba acariciar, la pobre me dice:
-Señora, ¿usted quiere que su niña venga a la escuela?
Y digo: sí.
-Pues coja la puerta y lárguese.
Pues como he dicho era una leona, pues le dio una patada a la maestra y no veas la pobrecilla, se ve que la niña le hizo daño en las espinillas, entonces cogió y le dio un par de azotes en el culo, y eso fue medicina santa, porque ya termino de patalear, pero a mí casi se me para el corazón de sentirla de los llantos que daba, estos llegaban a la Sierra Nevada.
Yo estaba perdida, no sabía si volver a por ella, pero la verdad que ahora me acuerdo y digo yo “si esto lo hubieran hecho conmigo, por lo menos habría aprendido algo” pero como dice el refrán: “Nunca es tarde si la dicha es buena“. Pues yo estoy entretenida y a la vez muy contenta de mí misma, así que hay que hacer como la abuela: en una mano el palo y en la otra el beso, no podemos ser blandos.
A mí me está costando pero estoy muy feliz, cada vez que aprendo algo digo: María, eres más lista que el hambre. Así que yo misma me digo de todo.


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