Paisanos y seguidores

11 de abril de 2011

Toda la vida descalzos y ahora tacones





La verdad que no se como, pero antes solo estábamos haciendo calcetines de lana, pues mi ágüelas tenia unas agujas que estas eran como si fuera para hacer pinchitos morunos, yo creo que lo parecía
La cosa es que hacia los calcetines de lana que duraban toda la vida con estas abujas .

Eran las agujas muy cortas mas o menos como una cuarta, pero eran cuatro agujas.
No se por donde empezaba, yo creo que por el tobillo, pues la verdad es que yo siempre estaba junto a ella mientras los hacia y ella me decía: “¿ has visto como se hace?
Pero yo jamás apredí, pues me acuerdo que cogía el vellón de la oveja, es decir un trozo y esto lo iban haciendo como un cordón y entonces era cuando se tejía. Mi abuela paterna diegoliche, lo hacia a la vez.
No me explico la facilidad que tenia, pues también recuerdo que havía pocos calcetines, teníamos que ponerle las suelas o remendarlos.
Los calcetines llegaban hasta la rodilla, pero sino tenias ni hilo, ni remiendo en esos momentos, solo tenia que remeterlo dentro el zapato para que no tuviera el zancajo, era curioso y muy ingenioso, pero la verdad que era asi.

Pues entonces cuando te remetias el calcetín, parecía que rellenabas de piedras el zapato, pero la verdad que no te dolía ni los pies, de lo agusto que quedaba el pie.

Pues parecía de señorita, porque el zancajo estaba dentro del zapato, pero la verdad que estábamos que daba gloria vernos, pues a mi me gusta y además me da alegría que ahora hay calcetines de todas clase y de todos los colores. Y hasta tiendas enteras de calcetines como calcedonia.

Pues la verdad que cuando voy a mercadillo, me los quiero traer todos y lo mismo pienso con los zapatos , pero me pasa como el refrán que se decía:
toda la vida descalzos y ahora tacones”.
Pues la verdad que es asi.

Yo cuando me puse el primer zapato de tacón en mi pueblo La Peza pues, sabéis que hice, que me los quite para bajar mi calle, que era la calle de horno, a mediados de la calle y cuando llegaba al horno, allí me ponía los zapatos
pero la verdad que lo pienso y digo pero era una marioneta subida en el zapato, pero yo tenia que buscar novio aunque estuviera que ir mirando donde pisara, pues la verdad que los zapatos eran de tacón y parecía que iba en unos zancos, que esto era lo que utilizaban los niños para jugar, era dos palos y unas cuerda y así corría casi el pueblo
Pero la verdad que no hace falta tanto, para ser feliz. Y yo lo era en esta tierra gracias a Diós.
Hasta sin calcetines, pero feliz

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